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¿Qué límites puede tener el crecimiento económico de Paraguay?

Crédito columna: Alejandro Kladniew, socio gerente de Paraguay Development 

Somos muchos los beneficiados por el crecimiento económico de Paraguay y quienes respaldamos las políticas de baja carga impositiva, apertura comercial e independencia del Banco Central. Por el bien del país y el nuestro, deseamos que esta dinámica positiva perdure. Por ello, resulta indispensable preguntarse: ¿qué condiciones deben darse para que esta bonhomía se extienda en el tiempo?

Para responder a este interrogante, resulta didáctico comparar la trayectoria paraguaya con la de Chile, una de las economías de mayor y más constante crecimiento regional en las últimas décadas. La analogía no es casual: hace unos meses, durante la visita de una delegación empresarial chilena al país, uno de sus miembros comentaba que el momento actual de Paraguay le recordaba el proceso iniciado por Chile tiempo atrás.

Ambos modelos comparten una similitud clave: la apuesta por la estabilidad macroeconómica, la disciplina fiscal y un entorno tributario favorable para atraer inversión privada y dinamizar la producción. Sin embargo, aunque Paraguay ya cuenta con variables necesarias para el crecimiento, estas aún no son suficientes para garantizar su sostenibilidad en el tiempo.

En economía, una condición necesaria es un requisito obligatorio, pero su sola presencia no asegura el resultado final si faltan otros factores complementarios. ¿Qué elementos adicionales requiere la economía paraguaya para asimilarse al desarrollo chileno y consolidar un crecimiento sustentable y duradero?

Un botón de muestra sobre la cultura fiscal

A mediados de los años ochenta tuve la oportunidad de trabajar en Chile. Para salir del país con mi visa laboral, debía tramitar un salvoconducto emitido por el Servicio de Impuestos Internos (SII) —el equivalente a la DNIT/SET paraguaya—. El criterio era simple y contundente: o estabas al día con tus obligaciones tributarias, o no salías del país.

Aunque resumir las diferencias entre ambas economías mediante una anécdota personal pueda parecer reduccionista, a veces un pequeño ejemplo ilustra mejor la realidad institucional que una montaña de cifras: para muestra, basta un botón. Más allá de las diferencias culturales entre ambas sociedades, los datos macroeconómicos actuales reflejan con claridad la brecha que aún nos separa:

Tamaño de la economía: El Producto Interno Bruto (PIB) nominal de Chile ronda los US$ 407.850 millones, frente a los US$ 60.540 millones de Paraguay.

PIB per cápita nominal: Chile alcanza los US$ 20.240 por habitante (tercero en Latinoamérica, detrás de Uruguay y Panamá), mientras que Paraguay se ubica en US$ 9.371 (octavo en la región).

Perspectiva histórica: Hace cuatro décadas, el PIB per cápita chileno era de unos US$ 1.500 (equivalentes a unos US$ 4.700 actuales ajustados por inflación), es decir, la mitad de lo que genera Paraguay hoy.

Para acortar esta distancia, es necesario analizar tres barreras estructurales fundamentales:

  1. Informalidad laboral: el freno a la productividad

Chile registra una tasa de ocupación informal cercana al 27%, mientras que en Paraguay la informalidad laboral alcanza al 64%. Esto significa que seis de cada diez trabajadores paraguayos carecen de protección social, aportes jubilatorios o seguro médico, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Un desarrollo sostenible e inclusivo es inviable a largo plazo con semejante nivel de informalidad. Si bien el sector informal actúa como un amortiguador de subsistencia en el corto plazo, en el agregado limita la productividad y sofoca el desarrollo debido a:

Baja productividad: Las microempresas informales evitan escalar o incorporar tecnología para no ser detectadas.

Déficit fiscal y de bienes públicos: La evasión reduce los ingresos del Estado, limitando la inversión en infraestructura, salud y educación.

Vulnerabilidad laboral: Los trabajadores quedan desprotegidos frente a contingencias de salud o vejez.

Trampa de pobreza: Se perpetúa la desigualdad al restringir la acumulación de capital humano y el acceso al crédito formal.

  1. Inversión en educación: superar el modelo primario

Aunque el presupuesto educativo en Paraguay ha mostrado incrementos nominales —superando los 11,3 billones de guaraníes para 2026—, el gasto se mantiene estancado alrededor del 3,4% del PIB. En contraste, la inversión en educación en Chile evolucionó desde un 2,25% a inicios de los noventa hasta estabilizarse en torno al 5,9% del PIB (público y privado), superando el promedio de la OCDE.

Es posible generar crecimiento a corto plazo con baja inversión educativa mediante el aprovechamiento de recursos naturales o ventajas de costos, pero este esquema es frágil y vulnerable:

Factores de crecimiento inicial: Abundancia de recursos naturales, mano de obra barata y auges temporales en los precios de las commodities.

Límites del modelo: Aparición de la trampa del ingreso medio (incapacidad de competir en industrias avanzadas), persistencia de la desigualdad, vulnerabilidad ante shocks externos y dependencia tecnológica del exterior.

  1. Transparencia e institucionalidad

La brecha institucional es quizás la más crítica. En el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, Chile obtiene 63 puntos sobre 100 y ocupa el puesto 31 a nivel mundial (líder regional), mientras que Paraguay alcanza 24 puntos y se sitúa en el puesto 150.

La falta de transparencia frena la inversión y debilita el tejido económico. Investigaciones empíricas globales señalan que un deterioro significativo en los estándares de integridad institucional reduce el PIB real per cápita de largo plazo en aproximadamente un 17%.

Conclusión

Para que la bonhomía económica paraguaya no se reduzca a un ciclo pasajero de materias primas o ventajas fiscales comparativas, el país debe dar el salto de un modelo basado en factores (recursos naturales, mano de obra barata e impuestos bajos) a un modelo basado en la productividad y el fortalecimiento institucional.

Paraguay ha construido una disciplina macroeconómica envidiable que es ejemplo en la región. Sin embargo, para consolidar ese camino y aproximarse al desarrollo de economías como la chilena, la agenda prioritaria de los próximos años deberá enfocarse en tres pilares ineludibles: formalizar la economía, elevar sustancialmente la calidad educativa y consolidar la transparencia del Estado.

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