La cercanía al trabajo, la calidad de vida y una vivienda acorde a cada etapa personal ganan peso en las decisiones. GNB registró un crecimiento superior al 200% en créditos habitacionales frente al año anterior.
En la foto: Federico Monjagatta, jefe de Estrategia de Segmento Personas de Banco GNB.
La idea de comprar una vivienda para toda la vida comienza a convivir con otra lógica entre las nuevas generaciones. Para una persona joven, un monoambiente cercano al trabajo puede ser la primera elección; años después, la formación de una familia puede impulsar la búsqueda de una propiedad más amplia y en otra zona. La vivienda empieza así a acompañar distintas etapas, mientras ubicación, movilidad y calidad de vida adquieren mayor relevancia en la decisión.
Federico Monjagatta, jefe de Estrategia de Segmento Personas de Banco GNB, observa que esta transformación ya comienza a reflejarse tanto en las consultas como en la colocación de créditos destinados a vivienda.
El ejecutivo sostuvo que las nuevas alternativas de financiamiento permitieron incorporar a personas que anteriormente encontraban mayores dificultades para acceder al mercado habitacional. Para GNB, ese cambio se tradujo en un fuerte incremento de las operaciones.
“Tenemos un crecimiento exponencial en la colocación de créditos para vivienda. Crecimos más del 200% con relación al año anterior”, señaló.
Monjagatta indicó que más del 90% de las colocaciones habitacionales realizadas por el banco corresponden actualmente a Che Róga Porã, lo que muestra el peso que adquirieron las nuevas condiciones de financiamiento dentro de este segmento.
Una generación con otras prioridades
Pero el cambio no se limita a cuántas personas pueden financiar una propiedad. También se modificó qué vivienda buscan y qué factores consideran importantes antes de comprar.
Monjagatta identifica una nueva generación que no necesariamente reproduce el modelo de sus padres, para quienes la prioridad estaba centrada en adquirir una casa propia independientemente de su ubicación.
Hoy, especialmente entre compradores jóvenes, la proximidad al trabajo y la posibilidad de reducir los tiempos de desplazamiento pueden pesar tanto como las dimensiones de la propiedad.
“Anteriormente era: ‘comprá tu casa, no importa dónde, pero que sea tuya’. Hoy una persona joven que empieza a trabajar puede comprarse un monoambiente cerca de su trabajo, priorizando esa cercanía y su calidad de vida”, explicó.
Esta tendencia conecta también con los cambios urbanos que atraviesan Asunción y el Área Metropolitana. Las dificultades de movilidad y las distancias cotidianas hacen que la ubicación deje de ser únicamente una variable inmobiliaria y pase a formar parte de la calidad de vida que el comprador busca preservar.
Comprar de acuerdo con cada etapa
La elección de una primera propiedad tampoco necesariamente determina dónde o cómo vivirá una persona durante las siguientes décadas.
Para Monjagatta, el mercado comienza a ofrecer alternativas capaces de acompañar las diferentes etapas de vida. Una unidad pequeña y céntrica puede responder a las necesidades de alguien que recién comienza su vida laboral, mientras que posteriormente una pareja o una familia con hijos puede priorizar mayor superficie y considerar zonas más alejadas donde resulte posible acceder a espacios más amplios.
“Esa misma persona, el día de mañana, tiene una pareja, tiene hijos y busca algo más grande. Seguramente en la periferia va a poder tener más espacio y dedicarle eso a la familia”, manifestó.
Desde esta perspectiva, la evolución de la oferta inmobiliaria y del financiamiento permite pensar la vivienda menos como una decisión única y más como una elección que puede modificarse a medida que cambian las necesidades personales y familiares.
El ejecutivo considera que actualmente existen alternativas crediticias para diferentes tipos de demanda, desde quienes buscan adquirir una propiedad hasta quienes ya cuentan con un terreno y necesitan financiar una construcción.
Crédito sin comprometer la calidad de vida
El mayor acceso al financiamiento también plantea la necesidad de evaluar cuánto puede asumir cada comprador.
Para Monjagatta, uno de los factores determinantes antes de adquirir una vivienda es comprender la situación financiera personal y establecer qué proporción de los ingresos puede destinarse mensualmente al pago del crédito.
El objetivo, sostuvo, no debería ser solamente alcanzar la aprobación de una operación, sino lograr que el compromiso asumido sea coherente con la capacidad económica del cliente durante todo el periodo de financiamiento.
“Es importante que la gente entienda por qué tiene un límite de endeudamiento. Lo que se busca es que la persona adquiera su vivienda, pero que mantenga una calidad de vida”, afirmó.
La propiedad elegida, el monto financiado y la cuota mensual deben guardar así una relación con el perfil y las posibilidades de cada persona, especialmente teniendo en cuenta que se trata de compromisos de largo plazo.
El asesoramiento gana peso
En ese escenario, Monjagatta considera que el papel de las entidades financieras también evoluciona. El banco ya no interviene únicamente en el momento de otorgar el crédito, sino que el acompañamiento comienza desde la búsqueda de una alternativa compatible con las necesidades y posibilidades del cliente.
GNB apunta, según explicó, a brindar un asesoramiento integral durante todo el proceso, independientemente de que el comprador llegue a través de un desarrollador, ya tenga identificada una vivienda o cuente con un terreno en el que pretende construir.
Para ello, además de sus 21 sucursales, la entidad dispone de un canal específico para consultas vinculadas con vivienda, buscando acompañar al cliente desde el primer contacto hasta la concreción de la operación.
“Ofrecemos rapidez, cercanía y asesoramiento desde la primera consulta hasta la entrega de las llaves”, indicó.
Un movimiento que ya está ocurriendo
Para Monjagatta, la expansión inmobiliaria y el mayor dinamismo del financiamiento habitacional no constituyen solamente una expectativa futura.
La mayor cantidad de proyectos, la presencia de nuevas construcciones y el crecimiento observado en la colocación de créditos muestran, a su criterio, que el movimiento ya está en marcha.
“Esto ya es una realidad. Mirás a tu alrededor y hay grúas por todos lados levantando edificios, casas; los créditos se están colocando, se está moviendo la economía”, sostuvo.
Uno de los cambios que destaca es la incorporación de la clase media a un mercado que anteriormente exigía niveles de ingresos considerablemente mayores para acceder a una vivienda.
Para el ejecutivo, durante mucho tiempo existió una distancia entre la oferta disponible y la capacidad real de una parte importante de la población. La aparición de productos financieros orientados a ese segmento comienza a reducir esa brecha y permite que personas con ingresos más habituales dentro del mercado formal puedan proyectar la adquisición de una propiedad.
El crecimiento superior al 200% registrado por GNB frente al año anterior refleja, desde la experiencia de la entidad, la dimensión de esa demanda.
Pero detrás de ese incremento aparece también una transformación menos cuantificable: el comprador que ingresa al mercado ya no necesariamente persigue el mismo ideal inmobiliario que las generaciones anteriores.
Cercanía, movilidad, calidad de vida, capacidad de pago y flexibilidad para cambiar de vivienda a medida que evoluciona la vida personal comienzan a definir una nueva relación con la propiedad.

