La vivienda mantiene un lugar prioritario, mientras industria, agro, forestal, comercio y servicios demandan recursos para proyectos de mayor horizonte. El grado de inversión abre además nuevas oportunidades para canalizar capital hacia Paraguay.
En la foto: Fernando Lugo, gerente general de la Agencia Financiera de Desarrollo (AFD).
Financiar inversiones que necesitan diez, veinte o incluso treinta años para desarrollarse exige recursos y condiciones diferentes a las del crédito tradicional. En ese terreno, la disponibilidad de capital de largo plazo se vuelve determinante no solamente para ampliar el acceso a la vivienda, sino también para acompañar proyectos industriales, forestales, agropecuarios y empresariales capaces de generar empleo y ampliar la capacidad productiva del país.
Fernando Lugo, gerente general de la Agencia Financiera de Desarrollo (AFD), sostiene que la institución asumió desde su creación un papel catalizador dentro de la economía paraguaya, principalmente mediante la canalización de créditos con horizontes más extensos.
A lo largo de sus 21 años de vida institucional, la AFD fue ampliando los plazos disponibles para diferentes actividades económicas. La vivienda continúa ocupando un lugar destacado dentro de su cartera, pero el financiamiento alcanza también al sector forestal, la industria, el comercio, los servicios y la producción agrícola y ganadera.
“La AFD desde su creación ha tenido un rol catalizador de la economía, principalmente canalizando créditos de largo plazo. Hemos logrado aumentar los plazos de financiamiento en distintos sectores económicos”, afirmó.
Para Lugo, la disponibilidad de estos recursos tiene un impacto que trasciende a las empresas o personas que reciben el financiamiento. Al permitir nuevas inversiones, los proyectos generan actividad económica, empleo y demanda en otros sectores vinculados.
Capital para proyectos de largo plazo
La naturaleza de las inversiones productivas explica buena parte de esta necesidad. Según Lugo, muchos proyectos requieren como mínimo entre diez y doce años para poder estructurar adecuadamente su financiamiento.
En estos casos, la disponibilidad de recursos de largo plazo se vuelve especialmente relevante para evitar que inversiones cuya maduración requiere varios años deban financiarse mediante instrumentos demasiado cortos.
“Son proyectos que como mínimo requieren de diez a doce años de plazo. La AFD se vuelve fundamental para que puedan recibir el plazo que requieren estos proyectos”, explicó.
Entre las prioridades de la institución para 2026 se encuentra continuar acompañando el segmento de vivienda mediante sus diferentes productos, junto con el financiamiento destinado al desarrollo productivo, principalmente industrial, y al sector agropecuario.
Paralelamente, la AFD trabaja en procesos vinculados con el financiamiento sostenible, preparándose para atender una demanda que comienza a incorporar con mayor fuerza criterios ambientales y nuevas alternativas relacionadas con las finanzas verdes.
Lugo considera que esta evolución será parte de una transformación más amplia del mercado financiero, a medida que empresas e inversores incorporen nuevas exigencias en la estructuración de sus proyectos.
La vivienda moviliza recursos
Dentro de la cartera de la AFD, la vivienda continúa siendo uno de los segmentos con mayor protagonismo y uno de los que mostró mayor dinamismo en los últimos años.
Al referirse específicamente a Che Róga Porã, Lugo señaló que desde la creación del programa más de 6.000 familias accedieron al financiamiento y se movilizaron recursos superiores a US$ 270 millones.
El alcance se extiende a nivel nacional, aunque el mayor movimiento se concentra actualmente en el departamento Central.
Estos números permiten dimensionar no solamente el volumen de recursos canalizados hacia vivienda, sino también el efecto que una mayor disponibilidad de crédito puede generar sobre la demanda inmobiliaria.
Compradores cada vez más jóvenes
Los datos recopilados por la AFD también muestran un cambio en el perfil de quienes acceden al financiamiento habitacional.
“Anteriormente, el promedio de edad de las personas que accedían a un crédito de vivienda rondaba los 38 o 39 años. Hoy estamos viendo un promedio de 34 años”, destacó Lugo.
La reducción constituye un indicador relevante para el mercado porque muestra una incorporación más temprana de personas al financiamiento inmobiliario y coincide con el cambio generacional señalado también por las entidades financieras.
Parte de esta información puede ser identificada con mayor precisión gracias a la digitalización de los procesos. Lugo explicó que los créditos son gestionados mediante una plataforma electrónica que permite a la institución contar con datos más certeros sobre quiénes solicitan financiamiento y cuáles son las características de quienes finalmente acceden.
Esta disponibilidad de información ofrece además nuevas herramientas para evaluar el comportamiento de la demanda y orientar las decisiones vinculadas con los productos financieros.
El grado de inversión abre otro escenario
Más allá del mercado habitacional, Lugo identifica una oportunidad de mayor escala para Paraguay a partir del contexto económico actual.
La obtención del grado de inversión aumentó la visibilidad del país frente al capital internacional y plantea, según el gerente general de la AFD, la necesidad de desarrollar instrumentos capaces de transformar ese interés en inversiones concretas.
“Paraguay está viviendo un momento único. Como país que accedió recientemente a la calificación de grado de inversión, requerimos generar los instrumentos para que esos capitales extranjeros que ahora miran con mejores ojos a Paraguay puedan aterrizar en el país”, afirmó.
El desafío no pasa únicamente por captar recursos, sino por contar con vehículos financieros capaces de canalizarlos hacia proyectos productivos y de infraestructura con capacidad de generar retornos de largo plazo.
En ese proceso, Lugo considera que el mercado de capitales tendrá un papel fundamental.
“El desarrollo de instrumentos es fundamental. El mercado de capitales también va a ser fundamental para que pueda seguir su desarrollo”, expresó.
La combinación entre una mejor percepción internacional, disponibilidad de financiamiento de largo plazo y un mercado de capitales más desarrollado podría ampliar las alternativas para sectores que necesitan inversiones de mayor escala.
Para la AFD, el escenario abre la posibilidad de profundizar un modelo en el que el crédito funcione como catalizador de nuevas inversiones. Vivienda, industria, producción agropecuaria, forestal, comercio y servicios forman parte de una cartera diversa, pero comparten una misma necesidad: recursos compatibles con el tiempo que requieren sus proyectos para madurar.
La capacidad de ampliar esos horizontes de financiamiento será, según Lugo, uno de los elementos necesarios para que Paraguay pueda aprovechar las condiciones económicas alcanzadas y convertirlas en mayor inversión, actividad productiva y generación de empleo.

