Ciudad del Este y Alto Paraná atraviesan una transformación inmobiliaria que está dejando atrás el modelo tradicional de crecimiento urbano y dando paso a un mercado con mayor presencia de edificios, nuevos desarrollos y capital extranjero.
Para Carlos Jorge Gómez Núñez, presidente de la Asociación de Constructores de Alto Paraná (Cadiap), el fenómeno ya no puede ser considerado únicamente un “boom”: se trata de un cambio de paradigma que podría sostenerse durante la próxima década.
En la foto: Carlos Jorge Gómez Núñez, presidente de Cadiap
Gómez Núñez considera que la palabra boom incluso puede quedarse corta para describir el momento que atraviesa el sector. “No es el boom, es el big bang”, comentó durante su análisis sobre la evolución inmobiliaria de la región.
La explicación está, principalmente, en la relación entre oferta y demanda. Según el empresario, actualmente existe una demanda suficientemente fuerte como para absorber buena parte de los nuevos productos que ingresan al mercado. “Cualquier ladrillo que uno construya acá tiene tracción”, afirmó.
Su lectura es contundente: el desarrollo inmobiliario de Alto Paraná no respondería solamente a una ola especulativa o a una coyuntura puntual, sino a cambios demográficos y económicos que están ampliando de manera estructural la necesidad de viviendas, oficinas y otros espacios.
Gómez Núñez incluso sostiene que los desarrollos que se están construyendo actualmente podrían mantener demanda durante los próximos 10 años. El argumento se apoya en el crecimiento poblacional, la generación de empleo y el aumento de las inversiones en la región.
Paraguay como destino de inversión
Desde su posición al frente de Cadiap, Gómez Núñez también observa un cambio en la percepción internacional de Paraguay. A su criterio, el país está ganando atractivo frente a otros mercados regionales por una combinación de seguridad jurídica, estabilidad fiscal y monetaria y posibilidades de rentabilidad.
“Hoy somos un país, una economía estable, una economía creciente”, sostuvo.
El Real Estate aparece así, como uno de los sectores que puede capitalizar esa percepción. La búsqueda de inversiones de largo plazo lleva a los capitales a mercados donde puedan combinar valorización de activos y previsibilidad.
Sin embargo, el propio crecimiento del mercado plantea una cuestión que no puede quedar fuera de la discusión: qué tan preparada está la infraestructura urbana para acompañar la expansión inmobiliaria.
El desafío: crecer sin desorden
El crecimiento de la construcción no garantiza por sí solo un desarrollo urbano sostenible. Y este es uno de los puntos en los que el presidente de Cadiap pone el foco.
La asociación trabaja actualmente con autoridades municipales y departamentales en un plan de ordenamiento urbano y en la definición de reglas para el desarrollo inmobiliario. La intención es establecer condiciones más previsibles para las empresas que llegan a invertir en la zona.
“Estamos trabajando en reglas claras de desarrollo para que cada vez sea más confiable la empresa que viene a desarrollar acá”, explicó.
La discusión también alcanza a la calidad de la intermediación inmobiliaria. Para Gómez Núñez, no basta con elevar los estándares constructivos si el proceso de comercialización y asesoramiento al inversor no ofrece el mismo nivel de confianza.
Esto adquiere especial relevancia considerando que una inversión inmobiliaria puede requerir entre 10 y 12 años para consolidar plenamente sus resultados. En ese contexto, la seguridad no depende únicamente del edificio construido, sino también del marco urbano, institucional y comercial que lo rodea.
La apuesta por profesionalizar el mercado
Cadiap busca, según su presidente, elevar la conversación sobre el sector y dejar de limitarla exclusivamente a la construcción de edificios. La presencia de autoridades municipales y departamentales en encuentros del sector forma parte de ese intento por incorporar la planificación pública a una discusión que durante años estuvo dominada por las decisiones privadas.
“Estamos elevando la conversación”, sostuvo Gómez Núñez.
El objetivo es que Alto Paraná pueda seguir captando inversiones sin reproducir problemas derivados de un crecimiento desordenado. Más edificios significan también mayor presión sobre infraestructura, movilidad, servicios y planificación urbana.
La oportunidad económica es evidente, pero el desafío está en que la expansión del Real Estate no avance más rápido que la capacidad de las ciudades para acompañarla. Desde Cadiap, la apuesta pasa por elevar los estándares de construcción, profesionalizar la intermediación y trabajar en reglas claras.
Para Gómez Núñez, Alto Paraná tiene condiciones para consolidarse como uno de los principales polos inmobiliarios del país, pero la próxima etapa dependerá de algo más complejo que construir: ordenar el crecimiento que ya está en marcha.
