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Más que departamentos: Green Paraná busca construir comunidades alrededor de sus proyectos

La expansión inmobiliaria en Paraguay ya no se limita a los polos tradicionalmente consolidados. Para Green Paraná, la lectura de los cambios en infraestructura, movilidad y preferencias habitacionales está llevando a la desarrolladora a mirar zonas que todavía tienen margen de crecimiento. Así lo explicó Sophia Domaninczky, gerente global de marketing de Green Paraná, en entrevista con Revista PLUS.

En la foto: Sophia Domaninczky, gerente global de marketing de Green Paraná

Domaninczky señaló que uno de los principales diferenciales de la empresa está en la capacidad de identificar el potencial de una zona antes de que la transformación sea evidente. En ese sentido, destacó el caso del kilómetro 8 de Ciudad del Este, donde la compañía encontró una combinación de disponibilidad de tierra, crecimiento poblacional y demanda que terminó dando paso a un modelo que va más allá de levantar edificios.

“En el rubro inmobiliario es crucial entrar antes, poder leer un mercado y que realmente sea una transformación”, sostuvo.

La ejecutiva explicó que el kilómetro 8 no era simplemente una zona de terrenos disponibles, sino un sector donde ya existían familias y viviendas, una señal que, desde la mirada de la desarrolladora, mostraba que había una población establecida y una necesidad de crecimiento. A partir de esa lectura, Green Paraná comenzó a construir un modelo de desarrollo que apunta a “ir tejiendo ya un barrio”, más que limitarse a proyectos individuales.

De Alto Paraná a Central: replicar el modelo, no la ubicación

La expansión hacia Central responde a una lógica similar, aunque con características propias. Domaninczky contó que Green Paraná identificó en Luque un nicho vinculado al crecimiento de ciudades alternativas dentro del área metropolitana y, especialmente, al impacto que pueden generar las nuevas conexiones e inversiones en infraestructura.

“Que haya signos de infraestructura cambia el flujo de cómo se mueven las cosas”, afirmó. Para la empresa, las primeras obras de infraestructura y las mejoras en conectividad fueron señales suficientes para mirar el comportamiento futuro de la zona y posicionarse antes de que la transformación estuviera completamente consolidada.

Ese mismo criterio fue aplicado al proyecto Arbolia, desarrollado en Ciudad del Este sobre la avenida 2000, cuya ubicación también fue analizada considerando la expansión de la infraestructura y la conexión con el kilómetro 10 y su viaducto. La intención, explicó, es trasladar el modelo a Central pensando en cómo las familias podrían vivir en esos nuevos polos urbanos.

“Dijimos: vamos a llevar este modelo de Green Paraná, que está pensado en el usuario final, en cómo van a vivir las familias ahí, para que ya esté disponible cuando toda esta transformación esté lista. Llegar antes”, resumió.

La demanda empieza a confirmar la apuesta

Más allá de las proyecciones, Domaninczky señaló que la propia dinámica de Ciudad del Este está ofreciendo señales sobre la evolución del kilómetro 8. El movimiento de personas, la ocupación de las torres y el interés por nuevos proyectos son algunos de los indicadores que la empresa utiliza para medir el comportamiento de la zona.

“Cada vez más gente elige vivir en el kilómetro 8”, destacó. Como ejemplos mencionó el movimiento en las oficinas de Green Paraná, las consultas de personas interesadas en departamentos y viviendas y la ocupación de las torres desarrolladas por la compañía.

Para la ejecutiva, estos indicadores no solamente representan una oportunidad comercial, sino que también muestran cómo un desarrollo inmobiliario puede comenzar a generar un nuevo ecosistema urbano, con viviendas, servicios, comercios y empleo.

Otro de los puntos que destacó Domaninczky es la evolución de las expectativas del consumidor. La demanda actual, explicó, es más exigente que la de años atrás, y esa transformación obliga a los desarrolladores a pensar hoy en necesidades que serán relevantes cuando los proyectos estén terminados.

“Un desarrollo inmobiliario lleva años en llevarse adelante. Un edificio a veces tarda tres años en construirse. Entonces uno tiene que adelantarse a esas exigencias que van a venir en los próximos años”, señaló.

Ese concepto está presente en RISE, uno de los proyectos mencionados durante la entrevista. En lugar de destinar la totalidad del terreno a superficie construida y maximizar el número de departamentos, Green Paraná decidió reservar parte del espacio para áreas de esparcimiento en planta baja, jardines, una pequeña plaza y locales comerciales concebidos como una galería.

La misma lógica se aplicó a los amenities. En RISE, una torre de 22 pisos, la piscina estará ubicada en el décimo piso, buscando aprovechar las condiciones del entorno sin llevar necesariamente el espacio recreativo a la última planta. El proyecto contempla además una planta completa destinada a amenities.

La apuesta, según Domaninczky, es que estos espacios no sean simplemente un elemento de marketing dentro del edificio, sino servicios que realmente utilicen quienes viven allí.

“Queremos que sea un servicio para la persona que vive. Que sean habitables, que encuentren también un espacio de comunidad, que conozcan a sus vecinos y, sobre todo, que vivan bien”, afirmó.

Para Green Paraná, la competencia inmobiliaria no pasa únicamente por sumar metros cuadrados o cantidad de unidades. La apuesta está en anticipar cómo se moverán las ciudades y cómo cambiarán las necesidades de quienes las habitan, para desarrollar proyectos que lleguen al mercado cuando esas transformaciones ya estén en marcha.

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