La aceleración digital y el avance de la inteligencia artificial están redefiniendo el negocio financiero, pero también elevan la exposición a riesgos que la banca tradicional no enfrentaba con la misma intensidad. Para Luis Noguerol, visiting professor de la Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay y experto en Ciberseguridad y Sistemas de Información en Asia y América, Paraguay avanza en la dirección correcta, aunque el sector todavía debe fortalecer capacidades, transformar modelos de negocio y profundizar la educación digital de sus clientes.
En la foto: Luis Noguerol, visiting professor de la Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay y experto en Ciberseguridad
La transformación digital dejó de ser únicamente una cuestión tecnológica para convertirse en un desafío estratégico para el negocio bancario. A medida que las operaciones migran hacia canales digitales y la tecnología adquiere mayor peso en la relación con los clientes, las entidades financieras deben responder a riesgos que hasta hace algunos años tenían una incidencia mucho menor.
Para Luis Noguerol, en una nota exclusiva con PLUS, el desafío de la ciberseguridad no puede reducirse a una única variable. La preparación del talento humano, la transformación de los modelos tradicionales de negocio y la creciente dependencia tecnológica forman parte de un mismo escenario.
“Hay retos de preparación y capacitación del personal, así como de transformación de los modelos de negocio tradicionales. A esto se suma un desafío introducido por la tecnología, al que el sector financiero no había estado expuesto antes con la intensidad que vemos actualmente”, sostuvo.
El experto considera, sin embargo, que el sistema financiero paraguayo comenzó a reconocer la dimensión del desafío y observa señales favorables en ese proceso.
“Creo que el país está dando los pasos correctos. Existe una comprensión del problema y la convicción de que hay procesos que necesitan ser mejorados. Siempre habrá aspectos por perfeccionar, pero considero que se están moviendo en la dirección correcta”, afirmó.
El modelo tradicional ya no alcanza
El cambio tecnológico ocurre al mismo tiempo que se transforman los hábitos de los consumidores. Las operaciones digitales ganaron terreno y modificaron la manera en que las personas interactúan con el sistema financiero, obligando a las instituciones tradicionales a revisar estructuras, procesos y servicios.
“La banca tradicional necesariamente necesita recomponerse porque hoy la sociedad no opera de la misma manera. El nivel de digitalización fue ganando espacio hasta convertirse en una forma predominante de operar, y el sector financiero lo reconoce”, explicó Noguerol.
Dentro de esta transformación, la inteligencia artificial emerge como uno de los principales aceleradores. Su impacto no se limita a automatizar tareas: también abre oportunidades para mejorar procesos, desarrollar productos y construir nuevos modelos de negocio.
“La inteligencia artificial ya está sirviendo como un catalizador para el sistema bancario y financiero. Facilita procesos de captación y distribución de capitales, contribuye a la protección de los consumidores y permite desarrollar modelos de negocio que antes no existían porque la tecnología no los hacía posibles”, señaló.
Pero la misma tecnología que genera eficiencias y oportunidades introduce nuevas vulnerabilidades. El crecimiento de los servicios digitales obliga a incorporar la ciberseguridad como una dimensión cada vez más relevante de la estrategia financiera.
“También existen aspectos negativos, como los riesgos de ciberseguridad que la banca tradicional antes no conocía y que hoy va comprendiendo poco a poco. Si hacemos un balance, considero que los efectos positivos de la inteligencia artificial son favorables y pienso que Paraguay puede utilizarla correctamente y a su favor”, agregó.
La seguridad no se construye de un día para otro
Para Noguerol, uno de los aspectos positivos del escenario paraguayo es que las entidades financieras ya reconocen la importancia del problema. El siguiente paso es avanzar en un proceso sostenido de fortalecimiento de capacidades.
“Los bancos paraguayos entienden la situación y están dando pasos. Esto no es algo que pueda resolverse de un día para otro. Lo más importante es reconocer que el tema es predominante y prioritario, y considero que lo han hecho”, expresó.
El especialista advierte que todavía queda trabajo por delante para operar con mayor tranquilidad dentro de un ecosistema financiero cada vez más digital.
“No me atrevo a cuestionar el estado actual de la banca paraguaya en términos de seguridad, pero sí puedo decir que existen muchas áreas en las que deben trabajar para desenvolverse dentro de un ambiente digital más seguro. Como país todavía quedan muchas cosas por hacer”, puntualizó.
La cuestión adquiere además una dimensión empresarial. En un negocio sustentado sobre la confianza, la capacidad de proteger operaciones, información y usuarios deja de pertenecer exclusivamente a las áreas de tecnología y pasa a formar parte de la gestión integral de riesgos de las organizaciones.
El cliente también forma parte de la estrategia
La digitalización del sistema financiero plantea otro desafío: lograr que la evolución tecnológica de las entidades esté acompañada por usuarios capaces de comprender tanto las oportunidades como los riesgos del nuevo entorno.
En ese sentido, Noguerol plantea una responsabilidad compartida. La formación digital debe comenzar en los hogares y continuar en instituciones educativas y empresas, pero el sistema financiero también tiene un rol central.
“Tenemos la responsabilidad como sociedad de contribuir a la educación de los demás, desde el hogar hasta el ámbito académico y empresarial”, sostuvo.
Para la banca, esto implica ir más allá de ofrecer herramientas digitales. También supone enseñar a utilizarlas, explicar sus riesgos y ayudar al cliente a comprender las posibilidades que ofrece un sistema financiero cada vez más tecnológico.
“La banca tiene la responsabilidad de educar a sus usuarios y a los paraguayos en general sobre qué es la banca electrónica, cuáles son los riesgos asociados, qué ventajas ofrece y cómo pueden acceder, por ejemplo, a créditos de una manera más fácil y segura”, afirmó.
Tecnología, seguridad y educación aparecen así como partes de una misma transformación. Para Noguerol, el primer paso consiste en asumir que el cambio ya no tiene marcha atrás.
“El punto de partida es entender que algo diferente está ocurriendo, que llegó para quedarse y que necesitamos comprender mejor este nuevo ambiente digital en el que vivimos”, concluyó.

