Entre agosto del 2024 y junio del 2026, unas 724 micro, pequeñas y medianas empresas identificadas como Mipymes registraron más de 13.000 facturas y acumularon ventas superiores a G. 212.000 millones dentro de la cadena de valor de la alimentación escolar. La mayor parte son micro y pequeñas empresas, mientras comercio, agricultura e industria alimentaria concentran más del 63% de las firmas.
El Programa Hambre Cero no solo representa una política de provisión de alimentación escolar, sino que también está generando una demanda que comienza a traducirse en negocios para empresas nacionales.
De acuerdo con datos del Viceministerio de Mipymes, entre agosto de 2024 y junio de 2026 se identificaron 724 Mipymes que participaron de la cadena de valor vinculada al programa. En ese periodo, estas empresas emitieron más de 13.000 facturas y acumularon ventas por encima de G. 212.000 millones.
El volumen refleja la dimensión comercial que puede adquirir una política de compras vinculada a la alimentación escolar cuando incorpora a empresas locales como proveedoras de bienes, productos e insumos. Pero los números también permiten observar cómo se distribuye esta oportunidad entre las empresas y los territorios.
El 88% son micro y pequeñas empresas
Uno de los principales datos es la composición del universo empresarial. Más del 88% de las 724 empresas identificadas corresponde a micro y pequeñas empresas, lo que muestra que la participación no está limitada exclusivamente a compañías de mayor tamaño.
Para las unidades económicas más pequeñas, incorporarse a una cadena de suministro de esta dimensión puede significar acceso a una demanda relativamente estable y la posibilidad de ampliar su cartera de clientes.
Las Mipymes participan en distintos eslabones, principalmente como proveedoras de bienes, productos e insumos necesarios para la prestación del servicio de alimentación escolar. Esto genera un efecto que va más allá del proveedor que entrega directamente los alimentos: la cadena también requiere producción, comercialización, distribución y otros servicios asociados.
La composición sectorial muestra una relación directa entre las necesidades del programa y las actividades económicas que están captando la demanda. Más del 63% de las Mipymes participantes se concentra en comercio, agricultura e industria alimentaria. No se trata de una distribución aleatoria. Son sectores directamente vinculados con la producción, procesamiento, comercialización y provisión de los productos requeridos para la alimentación escolar.
La participación de la agricultura, en particular, abre una conexión entre las compras destinadas al programa y productores que pueden formar parte de una cadena de abastecimiento de mayor escala. Para el comercio y la industria alimentaria, en tanto, la demanda representa un mercado adicional para colocar productos y ampliar operaciones.
Otro aspecto relevante es la distribución territorial. El programa registra participación en 144 distritos del país, lo que amplía el alcance de las oportunidades comerciales más allá de los principales centros urbanos. Sin embargo, la actividad todavía muestra una concentración importante.
El 70% de las Mipymes identificadas se encuentra en Alto Paraná, Central, Caaguazú, Amambay y Capital. Esto significa que, si bien Hambre Cero está generando oportunidades en distintos puntos del territorio, una parte considerable de las empresas beneficiadas continúa concentrada en cinco departamentos.
El dato resulta relevante al analizar el alcance territorial de la cadena de valor y el desafío de incorporar a más empresas de otros departamentos.
Una demanda pública convertida en mercado
La alimentación escolar requiere una estructura de abastecimiento capaz de responder a una demanda amplia y recurrente. Hambre Cero establece precisamente un esquema en el que participan empresas y proveedores vinculados a la producción, provisión, distribución y prestación de servicios asociados.
Desde el punto de vista empresarial, esto convierte una necesidad pública en un mercado para diferentes unidades económicas. Los G. 212.000 millones en ventas registrados hasta junio de 2026 permiten dimensionar el movimiento generado dentro de esta cadena, aunque el dato corresponde al conjunto de empresas identificadas como Mipymes y no implica que cada empresa haya captado montos similares.
La cantidad de facturas —más de 13.000— también evidencia que existe una red de transacciones detrás del programa y no únicamente grandes contratos concentrados en pocas compañías.
El potencial de Hambre Cero para las Mipymes también plantea desafíos. Uno de ellos es ampliar la participación de empresas de menor escala y de zonas que todavía tienen una presencia reducida dentro de la cadena. La concentración del 70% de las Mipymes en cinco departamentos muestra que existe margen para profundizar la descentralización de las oportunidades comerciales.
Para una micro o pequeña empresa, acceder a una cadena de este tipo puede implicar mayores exigencias en materia de formalización, capacidad productiva, logística, cumplimiento de requisitos y flujo de caja. Precisamente por ello, el desarrollo de herramientas de financiamiento y liquidez también empieza a adquirir relevancia para los proveedores.
En agosto pasado, por ejemplo, se presentó “Adelanta”, una plataforma orientada a facilitar liquidez a las Mipymes proveedoras de Hambre Cero. Esto muestra que el acceso al mercado es solo una parte del desafío. Para crecer dentro de una cadena de suministro de gran escala, las empresas también necesitan capital de trabajo para producir, entregar y esperar los plazos de cobro.
El mercado que puede seguir creciendo
El programa tiene además una meta de ampliar progresivamente la participación empresarial. En marzo de este año se había planteado como objetivo llegar a 1.500 Mipymes y US$ 40 millones en compras durante 2026. Frente a ese objetivo, las 724 empresas identificadas hasta junio muestran que todavía existe espacio para incorporar nuevos proveedores.
La evolución de la cadena dependerá, entre otros factores, de la capacidad de las empresas para cumplir con los requerimientos del programa y de que las oportunidades puedan distribuirse entre más regiones y unidades económicas.
Por ahora, los datos disponibles muestran que Hambre Cero ya generó un flujo comercial relevante para las Mipymes nacionales, con más de G. 212.000 millones en ventas y más de 13.000 facturas registradas. El siguiente desafío será determinar si este mercado puede convertirse en una plataforma sostenible para que más micro y pequeñas empresas crezcan, inviertan, generen empleo y se integren a cadenas de valor de mayor escala.
