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Paraguay apuesta por la inteligencia artificial: ¿vale lo que consume?

Crédito columna: Alexandre Perini, economista | desarrollador de negocios.

La inteligencia artificial está impulsando una industria global cuya expansión depende de un recurso concreto: la electricidad. Los centros de datos que procesan sus modelos requieren grandes inversiones, equipos especializados y un suministro eléctrico confiable.

Para Paraguay, esta tendencia abre oportunidades para atraer capital y exportar servicios digitales. Pero también plantea una pregunta económica fundamental: ¿qué retorno obtiene el país por la electricidad que destina a esta actividad?

La cuestión no es si la inteligencia artificial tiene futuro, sino cómo convertir las inversiones vinculadas a ella en beneficios económicos sostenibles para Paraguay.

Una industria intensiva en electricidad

Los centros de datos necesitan procesadores de alto rendimiento, refrigeración y sistemas eléctricos capaces de mantener operaciones continuas. Por eso, el costo y la confiabilidad del suministro son factores importantes para decidir dónde instalar estas infraestructuras.

Paraguay puede atraer el interés de operadores internacionales por su generación hidroeléctrica. Sin embargo, la competitividad de estos proyectos también depende de la capacidad de las redes, los costos de conexión y las condiciones de suministro.

El capital anunciado y la potencia prevista permiten dimensionar una inversión, pero no determinan por sí solos su contribución económica. Para comprenderla, es necesario analizar qué servicios se ofrecerán, qué ingresos se generarán y qué beneficios permanecerán en la economía nacional.

El crecimiento de la demanda eléctrica

Según la Administración Nacional de Electricidad (Ande), el consumo eléctrico nacional alcanzó 29.419 GWh en 2025, un aumento del 12,5% respecto al año anterior. Durante los primeros ocho meses de 2026, la energía destinada al consumo nacional creció un 17,9% interanual, superando los 22.090 GWh.

Estas cifras no demuestran por sí solas que Paraguay enfrente una escasez energética. Sí refuerzan la necesidad de planificar cómo se atenderá la demanda futura.

La evaluación debe considerar la potencia disponible en los períodos de mayor consumo, la capacidad de transmisión y distribución y las inversiones necesarias para conectar nuevas cargas. El impacto de un centro de datos dependerá de su escala, ubicación y condiciones de suministro, así como de la infraestructura que requiera.

El desafío consiste en anticipar esas necesidades sin asumir que la energía es ilimitada ni concluir, sin evidencia suficiente, que el país ya carece de capacidad para atender nuevas inversiones.

¿Qué retorno económico genera la electricidad?

Un centro de datos puede generar exportaciones de servicios digitales, atraer capital y crear empleos especializados. Una industria manufacturera puede producir otros resultados en empleo directo, transformación de materias primas y actividad de proveedores. Ninguno de estos modelos garantiza automáticamente un retorno superior.

La comparación requiere criterios comunes: exportaciones efectivas, salarios, recaudación fiscal, valor agregado nacional, productividad y costos de infraestructura asociados a cada proyecto.

También importa el costo de oportunidad, es decir, qué alternativas podrían utilizar la capacidad eléctrica disponible y qué beneficios económicos ofrecerían. Esto no significa que una actividad necesariamente desplace a otra, sino que las decisiones deben considerar las condiciones reales del sistema y las alternativas viables.

Para Paraguay, evaluar estos factores permitiría distinguir entre una inversión importante por su tamaño y otra que, además, genere un beneficio económico proporcional a los recursos que utiliza.

De atraer infraestructura a generar valor

La instalación de centros de datos puede abrir oportunidades en servicios tecnológicos, mantenimiento, conectividad y otras actividades relacionadas. Sin embargo, el alcance de esos beneficios dependerá del modelo operativo, las contrataciones locales, los empleos creados y los ingresos efectivamente generados en el país.

Por eso, la evaluación no debería limitarse a los megavatios comprometidos o al capital anunciado. También debería examinar las condiciones de suministro, las inversiones adicionales en infraestructura y los resultados económicos verificables.

Una política consistente requiere coordinar las decisiones energéticas con los objetivos de desarrollo productivo. La transparencia contractual y la previsibilidad son importantes tanto para los inversores como para la planificación del sistema eléctrico.

La decisión detrás de la inteligencia artificial

Paraguay tiene la posibilidad de participar en una industria que está transformando la economía mundial. Pero el éxito de esa apuesta no debería medirse únicamente por los dólares invertidos o la capacidad instalada.

La evaluación debe considerar cuánto valor económico genera la actividad, qué costos implica y cómo contribuye a la competitividad del país a largo plazo.

La energía hidroeléctrica puede facilitar la llegada de inversiones tecnológicas. Convertir esa oportunidad en desarrollo exige planificación y una comparación rigurosa de los beneficios y costos de cada alternativa.

La pregunta no es solamente cuánta electricidad necesita la inteligencia artificial, sino cuánto valor económico puede generar para Paraguay con los recursos que utiliza.

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