Crédito columna: Alex Scuderi, desarrollador, experto digital y de IA
En los últimos meses vimos cada vez más casos de cuentas bancarias vaciadas y estafas digitales. La reacción suele ser inmediata: «la culpa es del banco».
Pero la realidad es bastante más compleja. Los bancos invierten millones en infraestructura, monitoreo de fraude, inteligencia artificial, cifrado y equipos especializados en seguridad.
Sin embargo, hay algo que ninguna entidad financiera puede controlar: los hábitos digitales de cada usuario.
Un banco puede verificar que una transferencia proviene de un dispositivo autorizado, con la contraseña correcta y el código de verificación válido. Lo que no puede saber es si quien está detrás del teclado es realmente el cliente o un delincuente que obtuvo esos datos porque el propio usuario los expuso.
La seguridad empieza mucho antes de abrir la aplicación del banco
Todavía es muy común encontrar situaciones como estas:
– personas que no utilizan ningún antivirus o usan uno gratuito sin protección en tiempo real.
– Computadoras con Windows u Office pirateados.
– Aplicaciones descargadas desde sitios desconocidos.
– Programas para «ver fútbol gratis» o bloquear publicidad obtenidos de cualquier página de Internet.
– Contraseñas simples o repetidas en todos los servicios.
– Doble autenticación desactivada porque «es incómoda».
– Correos electrónicos sin ninguna protección adicional.
Y luego, desde esa misma computadora o ese mismo teléfono, ingresan a la banca electrónica.
Es como instalar una cerradura de máxima seguridad en la puerta de tu casa, pero dejar todas las ventanas abiertas.
¿Cuánto cuesta protegerse?
Muchas veces escucho: «Es muy caro.»
Sin embargo, la realidad es diferente. Hoy existen soluciones excelentes por montos relativamente bajos:
– Un buen antivirus como Bitdefender, ESET, Norton o Kaspersky puede costar entre US$ 20 y US$ 50 al año por dispositivo.
– Un administrador de contraseñas como 1Password, Bitwarden o Dashlane cuesta aproximadamente US$ 10 a US$ 40 al año, dependiendo del plan.
– La autenticación en dos pasos mediante aplicaciones como Microsoft Authenticator, Google Authenticator o Authy es gratuita.
– Mantener Windows, Android, iPhone y las aplicaciones actualizadas tampoco tiene costo.
En muchos casos, proteger toda la vida digital cuesta menos que una salida a cenar. Los delincuentes ya no atacan bancos. Atacan personas.
El ciberdelincuente sabe que romper la seguridad de un banco es extremadamente difícil. Por eso busca el camino más sencillo: el usuario.
Un mensaje falso. Un enlace por WhatsApp. Una llamada simulando ser del banco. Un archivo descargado desde una página dudosa. Una contraseña reutilizada, y con eso alcanza.
La seguridad no es un producto. Es un hábito. Así como usamos cinturón de seguridad al manejar o cerramos la puerta de casa al salir, deberíamos incorporar hábitos digitales básicos:
– Activar siempre la doble autenticación.
– Utilizar contraseñas únicas y largas.
– No instalar software pirateado.
– Descargar aplicaciones únicamente desde tiendas oficiales.
– Mantener todos los equipos actualizados.
– Desconfiar de enlaces recibidos por mensajes o correos inesperados.
– Invertir en software de seguridad confiable.
Una reflexión final
No escribo esto para defender a los bancos. Ellos también tienen la obligación de seguir fortaleciendo sus sistemas y responder cuando corresponde.
Pero también debemos aceptar una realidad incómoda: la primera línea de defensa somos nosotros mismos.
La ciberseguridad dejó de ser un tema exclusivo de las empresas de tecnología. Hoy forma parte de la educación financiera.
Porque proteger nuestro dinero empieza mucho antes de abrir la aplicación del banco.
Invertimos años en construir nuestro patrimonio. Vale la pena invertir unos pocos dólares al año para protegerlo.
Mi nombre es Alex Scuderi y soy un usuario más como todos.
Contactos: Evaluado.com
